
The Wasteland (Tierra baldía)
- Fecha
1986
- Materia
Bronce, madera y linóleo
- Número de registro
- PC00494
Wasteland es una de las cimas de la producción de Juan Muñoz y él mismo fue muy consciente de su importancia: «La primera pieza de suelo que construí, la titulé Waste Land, en parte por el poema de Eliot y también porque ese suelo ilusionista está completamente baldío. [...] El suelo surge del deseo de construir algo real, algo que la gente pueda cruzar andando. Quería hacer un objeto real, no un objeto que suplantara a la realidad».
Para el suelo, Juan Muñoz tomó como inspiración la imagen de un mosaico de Antioquía del siglo II que aparece en el libro El legado de Apeles, de Gombrich. La ansiedad espacial está inspirada en recursos dramáticos de la perspectiva renacentista, como en La profanación de la hostia de Paolo Uccello (ca. 1467-1469), del Palacio Ducal de Urbino. Junto a una imagen de esta obra contenida en su cuaderno de trabajo, el artista anotó: «Dibujar la piel de un tigre moviéndose».
Esta obra debe ser leída como programa de escape a lo moderno y como una declaración de los problemas con los que la escultura ha de lidiar en el presente: el muñeco espera a que alguien lo haga hablar; pero su consistencia broncínea lo impide, lo que lo convierte en un monumento funeral al ocaso de la representación. La tierra está devastada, vacía de sentido, un desierto de signos mudos a los que no somos capaces de hacer hablar. «El muñeco de ventrílocuo usurpa al espectador. Se coloca de frente al espectáculo y espera. Espera y no habla. [...] ¿Cómo explicar un quizás con un acaso?»
Manuel Segade