Frank Perry y Sydney Pollack. El nadador 

Sesión 2. La piscina: nadar o hundirse. Cine de verano

Frank Perry y Sidney Pollack, The Swimmer [El nadador], 1968, película

Frank Perry y Sidney Pollack, The Swimmer [El nadador], 1968, película

Fecha y hora

Celebrada el 04 jul 2026

Neddy Merrill (Burt Lancaster), un apuesto y vitalista hombre de mediana edad, decide ir nadando hasta su casa a través de las piscinas de sus vecinos, una comunidad de propiedades de la alta sociedad de Connecticut. Él lo llama «el río Lucinda» en honor a su mujer. Neddy es un publicista de renombre, aparentemente querido y reconocido por sus vecinos, quienes le invitan a emprender tan surrealista idea.

El nadador, iniciada por Frank Perry y culminada bajo la dirección de Sidney Pollack, es una amarga metáfora de la vida. Las piscinas aquí son un reflejo del «río de la vida»; en este caso, un devenir que transcurre desde lo acomodado del estatus burgués pasado hasta la decadencia del hoy. De apariencia jovial y luminosa, el filme muestra el tránsito hacia el eclipse del sueño americano, el declive de la juventud y la imposibilidad de admitir la derrota en medio de una fantasía. La piscina —que, según Orson Welles en una entrevista realizada en 1964, representaba la obsesión por el estatus y la razón que a muchos llevó a delatar a sus compañeros durante el macartismo— apuntala aquí esa idea de superficialidad que lleva consigo la destrucción de los vínculos sociales.

Organiza

Museo Reina Sofía

Comisariado

Chema González, Dídac Humà y Alberto Moreno

Patrocina

Estrella Damm

Actividad accesible
Esta actividad cuenta con dos plazas para personas con movilidad reducida

Agenda

sábado 04 jul 2026 a las 22:00

Frank Perry y Sydney Pollack. The Swimmer [El nadador]

Estados Unidos, 1968, AD, color, sonido, versión original en inglés con subtítulos en español, 95’

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Frank Perry y Sidney Pollack, The Swimmer [El nadador], 1968, película
Frank Perry y Sidney Pollack, The Swimmer [El nadador], 1968, película
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Actividad dentro de la programación...

La piscina: nadar o hundirse

Cine de verano

El Museo Reina Sofía dedica este año su ciclo de cine estival al imaginario existencial y simbólico de la piscina. El cine de verano celebra el acto de ver películas en comunidad en el jardín neoclásico del Edificio Sabatini, un oasis verde recién restaurado y habitado por esculturas de Dan Graham, Eduardo Chillida, Alejandra Riera y Alexander Calder, al que se suma la gran pantalla de cine como otra obra contemporánea más.  Un ciclo de acceso gratuito que transcurre durante todos los viernes y sábados de julio y agosto. 

Con el título La piscina: nadar o hundirse, el programa persigue desarrollar la ambigüedad existencial que caracteriza a la piscina a lo largo de la historia del cine en sus manifestaciones más diversas. La piscina permite explorar ideas próximas a la identidad misma del verano: el ocio, el tiempo libre, el hedonismo, el disfrute sensorial, el calor extremo o la sensualidad de los cuerpos. Pero también se asocia con el reverso de estas emociones, como la melancolía, la fugacidad del paso del tiempo o la búsqueda de aquello inalcanzable, ya sea el estatus social o el deseo irrealizable, y sus funestas consecuencias; así, no es de extrañar que la piscina, arquitectura del placer y del goce, sea también escenario del crimen y de hechos delictivos. En efecto, la piscina, aquella conquista de la clase media que rompe la solidez del jardín, es mucho más que un refugio de hedonismo estival: es un umbral simbólico entre la razón y el deseo. Bajo su superficie no solo hay agua controlada y un afán acuático para el relax, hay toda una geografía de los propios deseos en su lado más irrefrenable.  

El agua, sometida y transparente, actúa como un escaparate social que refleja la inocencia de la infancia, pero también los deseos más perturbadores de la madurez. Es el escenario teatral de la mirada ajena y la búsqueda del otro; también es el espejo de un falso sosiego bajo la imagen propia idealizada. El acto de sumergirse altera estas reglas: el ruido se apaga y la gravedad se suspende. Con el hundimiento regresa la metáfora de la introspección, a un espacio donde la mente retumba, se libera de estructuras externas y permite habitar la propia identidad. Ahí, muy adentro, asoma el abismo y la intriga. La piscina: nadar o hundirse, una invitación a gozar, o no.

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