Jonathan Glazer. Sexy Beast

Sesión 5. La piscina: nadar o hundirse. Cine de verano

Jonathan Glazer, Sexy Beast, 2000, película

Jonathan Glazer, Sexy Beast, 2000, película

Gal Dove (Ray Winstone), un especialista en trabajos para la mafia británica, vive felizmente retirado con su mujer en el sur de España, en una casa idílica con una flamante piscina. La paz se rompe con la llegada de Don Logan (Ben Kingsley), un antiguo matón y compañero de fatigas que quiere convencerlo para dar un último golpe.

Si una piscina puede ser el centro del suspense, Sexy Beast es su quintaesencia. El reflejo del agua azul en el idílico retiro de Gal simboliza el paraíso artificial que puede romperse en cualquier momento. Este primer largometraje del director británico Jonathan Glazer (autor también de La zona de interés, 2023 comienza con uno de los inicios más impactantes en una piscina. El símbolo de un peligro inminente está por llegar a ese aparente remanso de paz de paredes de cal blanca. Una visión perfecta de la belleza recreada —piscinas de lujo en la costa andaluza— que, en la profundidad de sus aguas límpidas, esconden un miedo perturbador a volver a una vida pasada.

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Organiza

Museo Reina Sofía

Comisariado

Chema González, Dídac Humà y Alberto Moreno

Patrocina

Estrella Damm

Actividad accesible
Esta actividad cuenta con plazas para personas con movilidad reducida

Agenda

viernes 17 jul 2026 a las 22:00

Jonathan Glazer. Sexy Beast  

Reino Unido, 2000, AD, color, sonido, versión original en inglés con subtítulos en español, 89’ 

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Jonathan Glazer, Sexy Beast, 2000, película
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La piscina: nadar o hundirse

Cine de verano

El Museo Reina Sofía dedica este año su ciclo de cine estival al imaginario existencial y simbólico de la piscina. El cine de verano celebra el acto de ver películas en comunidad en el jardín neoclásico del Edificio Sabatini, un oasis verde recién restaurado y habitado por esculturas de Dan Graham, Eduardo Chillida, Alejandra Riera y Alexander Calder, al que se suma la gran pantalla de cine como otra obra contemporánea más.  Un ciclo de acceso gratuito que transcurre durante todos los viernes y sábados de julio y agosto. 

Con el título La piscina: nadar o hundirse, el programa persigue desarrollar la ambigüedad existencial que caracteriza a la piscina a lo largo de la historia del cine en sus manifestaciones más diversas. La piscina permite explorar ideas próximas a la identidad misma del verano: el ocio, el tiempo libre, el hedonismo, el disfrute sensorial, el calor extremo o la sensualidad de los cuerpos. Pero también se asocia con el reverso de estas emociones, como la melancolía, la fugacidad del paso del tiempo o la búsqueda de aquello inalcanzable, ya sea el estatus social o el deseo irrealizable, y sus funestas consecuencias; así, no es de extrañar que la piscina, arquitectura del placer y del goce, sea también escenario del crimen y de hechos delictivos. En efecto, la piscina, aquella conquista de la clase media que rompe la solidez del jardín, es mucho más que un refugio de hedonismo estival: es un umbral simbólico entre la razón y el deseo. Bajo su superficie no solo hay agua controlada y un afán acuático para el relax, hay toda una geografía de los propios deseos en su lado más irrefrenable.  

El agua, sometida y transparente, actúa como un escaparate social que refleja la inocencia de la infancia, pero también los deseos más perturbadores de la madurez. Es el escenario teatral de la mirada ajena y la búsqueda del otro; también es el espejo de un falso sosiego bajo la imagen propia idealizada. El acto de sumergirse altera estas reglas: el ruido se apaga y la gravedad se suspende. Con el hundimiento regresa la metáfora de la introspección, a un espacio donde la mente retumba, se libera de estructuras externas y permite habitar la propia identidad. Ahí, muy adentro, asoma el abismo y la intriga. La piscina: nadar o hundirse, una invitación a gozar, o no.

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