Ion de Sosa. Balearic

Sesión 1. La piscina: nadar o hundirse. Cine de verano

Ion de Sosa, Balearic, 2025, película

Ion de Sosa, Balearic, 2025, película

Ion de Sosa es el invitado a inaugurar la nueva edición del cine de verano del Museo Reina Sofía. Su trabajo representa un cine a contracorriente, arriesgado y genuino, profundamente vivo e imprevisible. Balearic, una de las películas del año, trata sobre un grupo de adolescentes atrapado en una piscina rodeada de perros de presa, mientras una reunión de adultos se entrega al hedonismo más decadentista en otra piscina cercana. Imágenes de placer y goce que se transforman en sensaciones de terror y alienación, un referente antitético que da forma a todo este ciclo de verano. A su vez, la película es una mezcla de géneros, en la que conviven la carnalidad del cine de adolescentes o la sangre del slasher más desenfrenado con la sátira social del costumbrismo neorrealista.

Rodada en un formato 16mm que acrecienta las experiencias hasta desbordar la pantalla, Balearic ofrece otros rasgos del cine de Ion de Sosa, como la mezcla entre actores profesionales y no-actores, donde convive un elenco de intérpretes que se cita con iconos del underground patrio como Marta Bassols, Julián Génisson o Lorena Iglesias, compañeros de viaje del cineasta, o con intervenciones improvisadas sin guion, como atestiguan los diálogos de la música Christina Rosenvinge o de la artista María Llopis. La idea de Balearic surgió mientras el cineasta asistía a una proyección de El nadador (1968), de Frank Perry y Sydney Pollack, también proyectada en este cine de verano.

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Organiza

Museo Reina Sofía

Comisariado

Chema González, Dídac Humà y Alberto Moreno

Patrocina

Estrella Damm

Actividad accesible
Esta actividad cuenta con plazas para personas con movilidad reducida  

Agenda

viernes 03 jul 2026 a las 22:00

Ion de Sosa. Balearic 

España, 2025, AD, color, sonido, versión original en español y valenciano con subtítulos en español, 74’ 

—Con presentación y coloquio de Ion de Sosa y del equipo de la película  

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Actividad dentro de la programación...

La piscina: nadar o hundirse

Cine de verano

El Museo Reina Sofía dedica este año su ciclo de cine estival al imaginario existencial y simbólico de la piscina. El cine de verano celebra el acto de ver películas en comunidad en el jardín neoclásico del Edificio Sabatini, un oasis verde recién restaurado y habitado por esculturas de Dan Graham, Eduardo Chillida, Alejandra Riera y Alexander Calder, al que se suma la gran pantalla de cine como otra obra contemporánea más.  Un ciclo de acceso gratuito que transcurre durante todos los viernes y sábados de julio y agosto. 

Con el título La piscina: nadar o hundirse, el programa persigue desarrollar la ambigüedad existencial que caracteriza a la piscina a lo largo de la historia del cine en sus manifestaciones más diversas. La piscina permite explorar ideas próximas a la identidad misma del verano: el ocio, el tiempo libre, el hedonismo, el disfrute sensorial, el calor extremo o la sensualidad de los cuerpos. Pero también se asocia con el reverso de estas emociones, como la melancolía, la fugacidad del paso del tiempo o la búsqueda de aquello inalcanzable, ya sea el estatus social o el deseo irrealizable, y sus funestas consecuencias; así, no es de extrañar que la piscina, arquitectura del placer y del goce, sea también escenario del crimen y de hechos delictivos. En efecto, la piscina, aquella conquista de la clase media que rompe la solidez del jardín, es mucho más que un refugio de hedonismo estival: es un umbral simbólico entre la razón y el deseo. Bajo su superficie no solo hay agua controlada y un afán acuático para el relax, hay toda una geografía de los propios deseos en su lado más irrefrenable.  

El agua, sometida y transparente, actúa como un escaparate social que refleja la inocencia de la infancia, pero también los deseos más perturbadores de la madurez. Es el escenario teatral de la mirada ajena y la búsqueda del otro; también es el espejo de un falso sosiego bajo la imagen propia idealizada. El acto de sumergirse altera estas reglas: el ruido se apaga y la gravedad se suspende. Con el hundimiento regresa la metáfora de la introspección, a un espacio donde la mente retumba, se libera de estructuras externas y permite habitar la propia identidad. Ahí, muy adentro, asoma el abismo y la intriga. La piscina: nadar o hundirse, una invitación a gozar, o no.

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