Laboratorio de Institucionalidad Compartida

Hans Hacke, Seurat's "Les Poseuses" (Small Version), 1888-1975 («Les Poseuses» de Seurat [versión pequeña], 1888-1975), 1975. Museo Reina Sofía. Fotografía: Museo Reina Sofía

Hans Hacke, Seurat's "Les Poseuses" (Small Version), 1888-1975 («Les Poseuses» de Seurat [versión pequeña], 1888-1975), 1975

 Museo Reina Sofía. Fotografía: Museo Reina Sofía 

El Laboratorio de Institucionalidad Compartida (LIC) es un espacio de investigación y trabajo común desde el que el Museo Reina Sofía desarrolla herramientas de incidencia junto con el tejido cultural. Se articula en tres ejes que funcionan como horizontes de trabajo, todos ellos con voluntad de repercusión estructural a distintas escalas, y que abarcan desde la colaboración con otras instituciones en los ámbitos europeo y estatal hasta el trabajo con asociacionismo local. Estos horizontes son: justicia climática y transformación ecológica; una infraestructura cultural recalibrada, y derechos culturales y accesibilidad. Cada uno de estos ejes se despliega a través de distintas prácticas, dispositivos, herramientas y metodologías. 

Durante las últimas décadas, el Museo Reina Sofía ha experimentado con distintas formas de incidencia política e institucional, mediante el apoyo a demandas ciudadanas y del sector artístico y la consolidación de una metodología de trabajo en red que resulta clave para reconocer el papel del museo como parte de un amplio ecosistema cultural. El LIC se apoya en estas experiencias para seguir actuando de manera transescalar, con la apertura de espacios de estrategia y discusión entre organizaciones del sector y el impulso de propuestas orientadas a transformar las condiciones y estructuras que organizan el ecosistema cultural. Más información acerca del LIC.

Justicia climática y transformación ecológica

Activación del Jardín de las Mixturas en el seminario Archivos del Común V. Memorias fúngicas. Museo Reina Sofía, 2023. Fotografía: Román Lorés

Activación del Jardín de las Mixturas en el seminario Archivos del Común V. Memorias fúngicas

Museo Reina Sofía, 2023. Fotografía: Román Lorés

La crisis ecosocial obliga a revisar las condiciones materiales que hacen posible la actividad cultural y a reconocer las relaciones de interdependencia que vinculan a las instituciones con los territorios y comunidades de los que forman parte. Desde esta perspectiva, la transformación ecológica de un museo busca activamente minimizar su impacto ambiental, a la vez que reconsidera sus modos de hacer desde una práctica organizativa ecológica, atenta a la sostenibilidad de los procesos en el tiempo y las capacidades de equipos y recursos. El museo, como parte de un ecosistema cultural más amplio, asume así una responsabilidad ecológica que permea tanto su funcionamiento como sus metodologías de trabajo, abriendo espacios para pensar colectivamente las condiciones de una transformación ecosocial de la cultura.

El Museo Reina Sofía articula esta orientación hacia la justicia climática a través de un grupo de trabajo transversal en el que participan trabajadoras y trabajadores de diferentes áreas, para convertirse en un espacio desde el que incorporar progresivamente la transformación ecológica al conjunto de la práctica institucional.

Publicaciones

Una infraestructura cultural recalibrada

La práctica cultural se sostiene sobre infraestructuras materiales, jurídicas, económicas, organizativas y simbólicas que determinan tanto sus realidades como sus condiciones de posibilidad. Condiciones que, lejos de ser un trasfondo neutro, son un campo de intervención política e institucional. Desde esta perspectiva, la institución cultural contemporánea puede entenderse a la vez como espacio cultural y como infraestructura política y material: un lugar en el que convergen fuerzas económicas, transformaciones geopolíticas, condiciones ecológicas, relaciones laborales y distintas concepciones de lo público. Las instituciones no solo están condicionadas por estas fuerzas; a través de sus formas de financiación, contratación, gobernanza, mantenimiento, programación, adquisición y acceso, participan activamente en su producción y reproducción. 

Chiquipicnic del barrio de Museo Situado, Museo Reina Sofía, 10 de junio de 2023. Fotografía: Paula Lorenzino

Chiquipicnic del barrio de Museo Situado, Museo Reina Sofía, 10 de junio de 2023

Fotografía: Paula Lorenzino

En este marco, recalibrar implica poner en marcha procesos sostenidos de reorganización dentro de estructuras complejas, atendiendo a sus interdependencias en distintas escalas y a sus márgenes de acción. Frente a la idea de una transformación total e inmediata, la recalibración opera mediante intervenciones concretas capaces de desplazar prácticas, revisar procedimientos, redistribuir recursos y capacidades y modificar progresivamente las condiciones que organizan el ecosistema cultural. Se trata, en este sentido, de desarrollar formas de conocimiento institucional y capacidad técnica que puedan ser accionables colectivamente. 

Este eje aborda, por tanto, las condiciones materiales, técnicas y simbólicas que hacen posible el trabajo artístico y cultural, así como el papel público y político del museo en la sociedad contemporánea. En esta línea, el Museo Reina Sofía impulsa procesos de largo recorrido y participa en estructuras y alianzas orientadas a desarrollar líneas de investigación y herramientas de incidencia capaces de contribuir a cambios normativos para el sector e intervenir en la formulación de políticas culturales, tanto en el ámbito estatal como en el europeo. 

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Derechos culturales y accesibilidad

Mediación en bengalí de la exposición Aurèlia Muñoz. Entes durante el Picnic del barrio 2026. Mediadora: Sadia Mahfuz, Museo Reina Sofía. Fotografía: Sue Ponce

Mediación en bengalí de la exposición Aurèlia Muñoz. Entes durante el Picnic del barrio 2026. Mediadora: Sadia Mahfuz, Museo Reina Sofía

Fotografía: Sue Ponce

El LIC propone trabajar desde una noción expandida de accesibilidad, entendida como un principio transversal de la práctica institucional. Desde una perspectiva interseccional, la accesibilidad implica reconocer que las posibilidades de participar en la vida cultural están atravesadas por condiciones corporales y cognitivas diversas, así como por desigualdades sociales y culturales que condicionan el acceso. Supone, por tanto, preguntarse qué condiciones posibilitan de manera amplia y plural la participación en la institución y su vida cultural.  

Esta perspectiva desplaza la atención desde la eliminación de barreras hacia la construcción de condiciones de participación y autonomía. La accesibilidad afecta así a los espacios y dispositivos del museo, pero también a sus lenguajes y formas de relación. Entendida de este modo, se vincula directamente con los derechos culturales: con la posibilidad efectiva de acceder a la cultura y de intervenir en su producción desde posiciones, experiencias y formas de conocimiento diversas. 

En el Museo Reina Sofía, este eje se desarrolla mediante políticas institucionales y herramientas específicas, entre ellas el Plan de Igualdad y el Plan de Derechos Culturales, en diálogo con redes de investigación y práctica. Un grupo transversal interno, integrado por trabajadoras y trabajadores de diferentes áreas del Museo, impulsa este proceso y contribuye a incorporar progresivamente la accesibilidad al conjunto de la organización y de la práctica institucional. 

Publicaciones

Más información acerca del LIC

Mediante diversos formatos, que van desde grupos de estudio hasta clínicas de trabajo, el LIC reflexiona sobre los desafíos sistémicos que atraviesan el sector cultural, al tiempo que examina modelos organizativos y estructuras operativas con el fin de ensayar metodologías de intervención institucional, tanto en el propio Museo como en colaboración con otras iniciativas y redes de práctica. 

Como parte clave del sistema y de la infraestructura de la cultura, las instituciones artísticas se encuentran atravesadas por los circuitos del mercado del arte, las dinámicas inmobiliarias y de transformación urbana, la financierización de la vida cotidiana, el debilitamiento de las infraestructuras públicas, la precarización del trabajo cultural, el aumento de las desigualdades y la aceleración de la crisis ecosocial. A estas condiciones se suman el auge internacional de políticas autoritarias y excluyentes y la intensificación de las guerras culturales, que han convertido la cultura, el conocimiento crítico y la propia definición de la esfera pública en terrenos de disputa. 

Al mismo tiempo, las instituciones culturales siguen asumiendo una serie de responsabilidades públicas: facilitar el acceso a la cultura y al conocimiento, cuidar los patrimonios y legados culturales, apoyar a quienes producen cultura, sostener espacios de investigación y reflexión colectiva y responder críticamente a las transformaciones sociales. Estas funciones no pueden entenderse de manera separada de las condiciones materiales y organizativas de la vida institucional: programación, gobernanza, trabajo, recursos e infraestructura constituyen dimensiones interdependientes de la práctica cultural. 

En el momento histórico actual, la separación tradicional entre las operaciones infraestructurales y la programación cultural —entre lo que sucede entre bastidores y lo que se presenta en el escenario de la vida institucional— resulta cada vez menos sostenible. Se hace necesario, por tanto, diseñar estrategias que asuman ambas dimensiones como mutuamente constitutivas y que permitan desarrollar nuevas alfabetizaciones institucionales, capacidades técnicas y formas de cooperación entre los agentes del tejido para emprender procesos significativos de transformación estructural.